FRENO AL CRECIMIENTO POBLACIONAL

Poner freno al crecimiento poblacional es el primer paso para comenzar a mejorar la existencia de millones de personas.


Un gran causante del poder ECOpresor es el desmedido crecimiento de la población humana. ¿Por qué desmedido? Las razones sobran:

  • Incapacidad a nivel global de asegurar las más mínimas condiciones de vida a todos los habitantes del planeta.
  • Gran mayoría de la población en condiciones de pobreza y miseria sin posibilidades reales de tener una mejora sustancial en sus vidas.
  • Imposibilidad de proveer suficiente alimentación para detener la desnutrición que comienza desde la gestación, continúa durante la infancia y se prolonga hasta la vida adulta.
  • Deficiente escolaridad o ausencia total de educación formal.
  • Padres que abandonan a sus hijos o permiten su explotación.
  • Existencia de un número creciente de personas sin identidad, pues no figuran en registros oficiales.
  • Aumento de los índices de criminalidad.
  • Desequilibrio entre recursos y cantidad de personas que pueden acceder a ellos.

La pequeña lista de arriba es, por supuesto, incompleta. Cada uno de sus ítems es injusto, cruel y triste. Son una realidad que se repite a diario con cada persona en desventaja y que se multiplica por los cientos de millones que deben padecer el rigor de caer en los términos de una existencia con toda clase de falencias.

El control poblacional debe tratarse como una política global


El freno al crecimiento poblacional comienza con una política global sustentada en la responsabilidad y en la educación. Las personas son libres de tener los hijos que deseen, pero deben tener la voluntad y la capacidad de criarlos en condiciones dignas. No se trata solamente de tener los recursos económicos suficientes para sostenerlos. Se trata de dedicarles tiempo, proveerles alimentación, educación, vestido y procurar su desarrollo dentro de un entorno social y cultural adecuado. Y, por encima de todo, amarlos auténticamente. Todo esto es lo mínimo que los niños y niñas merecen de sus progenitores. ¿Parece mucho? Pues no lo es, porque a cada persona, desde su nacimiento, inclusive antes, se le debe esto. Puesto de otra manera, cada bebé nace con un crédito a su favor que sus padres deben pagarle, por lo menos, hasta llegar a su vida adulta. Si parece mucho, entonces quien este pesando en tener un hijo, o varios, debe plantearse primero si cuenta con los medios, la voluntad y la disposición de pagar esa deuda.

Desde una perspectiva macro, los gobiernos de cada país deberían plantearse algo similar: ¿podemos facilitarles a nuestros compatriotas, a cada uno de ellos, los medios directos e indirectos para que cuenten con salud, educación, alimentación, trabajo, recreación, cultura y todos aquello que se traduzca en bienestar? ¿Estamos creando o fomentando las adecuadas fuentes de empleo para que hombres y mujeres a lo largo de su vida laboral puedan proveer suficientemente para ellos mismos y para sus familias? ¿Alguien se está quedando por fuera? ¿Existen segmentos de la población sin apropiada alimentación, salud o educación? ¿Se están muriendo los niños de física hambre? Si esto ocurre, en la medida que sea, es inaceptable. No podemos quedarnos estancados en los solos números y porcentajes cuando en las calles y en zonas rurales o aisladas vemos gente padeciendo y sufriendo su diario vivir. ¿Eso es humano? ¡Claro que no!

Y desde una visión global, toda la comunidad internacional debería plantear el freno al crecimiento poblacional de manera contundente. Un analfabeto lo es tanto como cualquier otro en el mundo. La carencia de alimento es tan dura para una persona en África como lo puede ser para otra en Europa, América o Asia.

¿A quién educar primero? ¿Al hombre a la mujer?


Ambos, hombre y mujer, son corresponsables por los hijos que procreen. Pero la mujer debe estar mucho más empoderada que el hombre cuando de concebir hijos se trate. Es su cuerpo el que soporta todos los cambios pre y postnatales. Ella debe estar preparada físicamente y contar con la suficiente madurez para criar a cada uno de sus hijos cuando finalmente decida que ha llegado el momento correcto. ¿Suena utópico cuando miles adolescentes quedan embarazadas cada día y millones cada año? Pues si el embarazo en menores de edad ocurre como si fuese una pandemia, es que muchas cosas se están haciendo muy mal por parte de quienes negligentemente están obligados a generar bienestar. Las niñas no deberían estar concibiendo y criando hijos sino estudiando, jugando y preparándose para afrontar los retos de una vida adulta sana. Si algunos segmentos de la población pueden ofrecer estas condiciones de vida a sus mujeres, lo más apropiado sería que toda la población contara con las condiciones mínimas para tener una niñez sana.

Por otro lado, los hombres tienen que velar por sus hijos y apoyar a las madres en la crianza. La procreación, en muchos casos, la consideran un accidente y quieren hacerla ver como tal, sin asumir la responsabilidad de sus actos. Los hijos no son un accidente, por eso debemos pensar en qué circunstancias queremos traerlos al mundo, Ellos deben ser el fruto de una decisión, no de un accidente y mucho menos de actos engañosos, forzados o violentos. ¿Todavía suena utópico en un mundo cuya población mundial ya se enfila hacia los 8.0000 millones de habitantes? Sí, parece algo imposible de lograr. ¿Pero quién puede suponer que un número de personas superior a éste tiene la capacidad de mejorar las condiciones de vida actuales? Utópico es pensar que la sobrepoblación y la sobreexplotación de recursos es inocua y que el planeta resistirá sin desatar su poder ECOpresor.

Más bien, hay que apuntar hacia un crecimiento cero de la población y comenzar a subir la calidad de vida de todos los habitantes desde una óptica de sostenibilidad para democratizar el bienestar. El progreso no puede hacerse a expensas del planeta. Si somos capaces de planificar un viaje, la construcción de un edificio o desarrollar un megaproyecto, nada nos impide asumir el control de la natalidad y proyectar el crecimiento y la superación de las personas mientras restauramos y mantenemos las fuentes de vida en la tierra.

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